EL DESTINO DE UN PANTALÓN

martes, 11 de abril de 2006

En diciembre me compré unos pantalones. Preciosos, oye! Morados, ajustaditos, bajos de cadera...¡y que bien quedaban los jodios! La primera vez que los lavé, al ir a recogerlos del tendedero...¡Sorpresaaaa! A alguna vecina se le había ocurrido la genial idea de tender la ropa calaíta de lejía...Mis pantalones habían dejado de ser morados, para pasar a ser morados con manchitas (manchazas, más bien) fucsias...¿Y si los corto y me conformo con unos shorts???

Reacciones en cadena. Primero vino el mosqueo. Tal fue mi enfado que quise ir puerta por puerta con mis pantalones para tirárselo a la cara a quién confesara ser artífice del delito...Pero me lo impidieron. Así que me conformé con escribir una notita (muy irónica y muy bien escrita, por cierto) a cuerpo 20 y en negrita y colgarla en portal para asegurarme de que la leía quién la tuviera que leer.

Mi segunda reacción fue de desonsuelo. Me fui a mi habitación a admirar el destrozo que habían sufrido mis pobres pantalones nuevos... Pero la tercera reacción llegó rapidísimo. Fue la de dar solución al problema. Ni corta ni perezosa (todavía con restos de la primera reacción que había hecho desaparecer por completo a todos los restos que pudieran quedar de la segunda) me fui a comprarme otros iguales...Y después de tenerlos en mi posesión decidí teñir los primeros de negro. Bueno...después de todo no ha sido tan malo, me dije. Ahora tienes dos de diferentes colores.

Bien, y os preguntareis por qué diablos cuento esto después de cinco meses. Pues yo os lo explico. El caso es que esta mañana, por un capricho de esos que de vez en cuando se da la vida, pues he tenido que ir a la compra ( que, todo sea dicho, no suelo ir). Y ahí me teneis, con mis pantalones teñidos de negro en la cola del super. De pronto, una viejecita me pide ayuda. Lleva dos cestas, una en cada mano, llenas a más no poder, y una garrafa que alguien ha aparacado en el suelo la impide el paso a la pobre viejecita...Pues nada, yo, con toda mi buena voluntad levanto la garrafa...y la garrafa empieza a chorrear, y me pone perdida, y yo miro (sabiendo lo que iba a leer, pero permitiéndome el lujo de negármelo a mi misma por unas décimas de segundo) la etiqueta de la garrafa... ¡LEJÍA! Arggggggssss! Noooooooooooo...

Pues si...a mis pantalones teñidos de negro no han tardado en volver a aflorarles manchitas (más bien, manchazas) fucsias... ¡Mamaaaa! ¿Por qué a mi? Reacciones en cadena otra vez. La primera, si, elemental, de mosqueo. Enfado con la señora por decirme después y sólo después "Ayyy...no te he avisado de que estaba rota...si la yo estaba viendo yo" ¿.......???? uffff...repira hondo... Y enfado también con el personal del super ¿Cómo se les ocurre dejar un arma bioquímica de ese calibre en to' el medio??? La diablesa que hay en mi me decía que cometiera un homicido en masa y que después alegara locura transitoria. El angelito que hay en mi, me pedía tranquilidad y que lo zanjara con "no pasa nada". Sólo diré que al homicidio en masa no he llegado... ¡Demasiado buena que es una!

La segunda reacción, esta vez no ha sido de desconsuelo...si no de vergüenza ¡He tenido que irme hasta mi casita hecha un adefesio con pantalones bicolor! Y la tercera reacción, tampoco ha sido la de dar solución al problema, ha sido la de aceptación. Estaba claro ¿cómo no me dí cuenta antes? ¡Esos pantalones tenían su destino escrito con fuego!

En fin...que por lo menos me quedan los segundos, los que siguen siendo morados...y ahora me estoy planteando dejarlos guardados en el armario por los siglos de los siglos, amén...porque me encantan, si...pero ¿de qué otra manera puedo estar más segura de que la malvada lejía no se cruce jamás en su vida? Ainsss...

6 sueños:

Pablito dijo...

Lo que tienes que hacer es mancharlos queriendo, así como en plan artístico. Y ya no se notan los accidentes, jejej. Total, Beckham lleva siempre pantalones manchados y desgastados.

Eso sí, también deberías contemplar la posibilidad de que los pantalones tengan gafe. Más que nada por tener cuidado, no sea que un día te atropelle un camión con tal de estropearlos un poco, jejej.

Besitos, me encanta tu blog, no sé si te lo dije ya.

Martha dijo...

Jejeje...muchas gracias por los consejos Pablito...¡Los tendré muy en cuenta!

Creo que si me dijiste ya que te gustaba mi blog...pero muchas gracias por repetirlo, jeje!

¡A mi el tuyo también me encanta! Creo que ya se nota, no? :P

Besitos!

laurita dijo...

Ay nena...!

Si es que la lejía es muy mala...Si ya te lo decía yo!
La lejía, cuanto más lejos, mejor, aunque alguna vez la tendrás que usar para la ropa o para cualquier cosa (y porque no hay más remedio,eh?), pero para la próxima vez ponte ropa vieja!
Y si alguna vez te encuentras en una situación como ayer, quítala con un palo cualquier cosa, yo que sé!Pero que esté lejos de tu cuerpo!
Pero vamos, yo me encuentro como tú ayer (y lo siento por la viejecita), y hago como que no la he oído y me voy para otro lao!)

(Ahora estoy escribiendo más, eh? Eso es porque últimamente estoy inspirada y me salen las palabras solas...Ay...que sea lo que Dios quiera, y a quien no leguste...pos que decirle! Que no lo lea! Jeje!)

Besis wapa!

Laurita.

Martha dijo...

Ya nena! jeje...si ya sé que tu tb has tenido muy malas experiencias con la lejía! Pero bueno, lo cierto es que yo no sabía de qué era el contenido del obstáculo que impedía el paso a la viejecita. De haberlo sabido, no es que no se lo hubiera apartado, pero si lo hubiera hecho con más cuidado ;).
En fins...que me alegro mogollón de que últimamente estés inspirada y me dejes comentarios...jeje!
Muchísimos besitos guapa!

angelsinalas dijo...

AY Martha! las cosas que te ocurren! Si parecen propias de un chiste. Además con la gracia que tú las cuentas pués bien podrías dedicarte a escribir guiones...ja,ja.

Muchos besos, guapa.

Azusa dijo...

Jajaja, qué bueno, pero no te preocupes por los segundos pantalones, está claro que el destino unido al de la lejía era sólo de los primeros...

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