ADIVINÉ QUIÉN ES QUIÉN Y GANÉ

jueves, 16 de octubre de 2008

- Diga?

- Señorita X?

- No…lo siento.

- Verá Señorita X, le llamo de…

- No, no…que se ha equivocado, que no soy la Señorita X.

- ¿No es usted X… Y…. Z….?

- No.

- Mire, si le llamo de Blabla S.A. Solo queríamos informarle de una oferta especial en…

- Pero que no soy X!

- De verdad, son solo un par de minutos. Tenemos que informar a todos los clientes de esta oferta y…

- A ver, que yo no sé nada de su empresa. Ni siquiera me suena el nombre! No soy cliente suya…

- Tengo aquí sus datos de cliente, Señorita X y…


“Arrrrgggggh…no me lo puedo creer! O esta buena mujer es rematadamente tonta…o me está tomando el pelo vilmente. No cabe otra opción posible…No, no…”


- Mire usted - (al más puro estilo ex- presi que me salió la frasecita, oye!)- que esos datos de cliente que tiene ahí, no son míos. Yo no soy X… Y…. y como sea el segundo apellido.


(No me dio tiempo a memorizar el dichoso apellido…al principio de la conversación, ni siquiera llegué a pensar que me fuera a ser útil hacerlo…).


- ¿Su número de teléfono es el 6………?

- Si…

- Pues ese es el teléfono de X…. Y….. Z…..

- Que no! "Santa pacienciaaaaaaa!"- que habrá un error. Tomarían mal el número de teléfono.

- Lo anotó usted misma, Señorita X.


“Ojalá pudiera meter la mano a través del teléfono y agarrarle del pescuezo cual conejo! ”

- Mire, le prometo que yo no soy X…- "Ya me gustaría a mi conocer a la dichosa X para darle una buena patada en el trasero por andar por ahí dando números de teléfono ajenos!"- así que, voy a colgar. Y me gustaría que no me volviera a llamar, porque no pienso contestar ¿de acuerdo???

- Está bien, está bien…tampoco es para que se ponga usted así. Lo siento mucho. Es posible que haya un error “¿Es posible???”- pero si tiene unos minutos, puedo informarle de los servicios que ofrece Blabla, S.A y si lo desea…………

Piiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii

Colgué.

Ilusa! Que soy una ilusa…Peazo de ingenua!

Era todo una estrategia de marketing para conseguir clientes! ¬¬

CONVERSACIONES DE ASCENSOR...

viernes, 10 de octubre de 2008

Desde siempre, he escuchado eso de que “el tiempo” es el tema más socorrido y, en consecuencia, más utilizado en las conversaciones de ascensor… A ver ¿de verdad alguien posee la gran suerte de tener unos vecinos que se limiten a hablar del tiempo en el ascensor???

También es posible que yo haya ido a parar al único edificio de este país en el que los vecinos pasan del tiempo tres quintales…No lo sé, pero lo cierto es que a lo largo de este año y medio que llevo viviendo en esta mi querida comunidad, he tenido que sufrir…digooooo, tratar, los temas de conversación más surrealistas y, en ocasiones, desagradables, en el ascensor.

La afición de mis vecinos por hablar de cosas ¿raras?, unida al hecho de vivir en un sexto, me supone un elevado grado de imposibilidad de zafarme de ciertos comentarios. Nunca puedo decir eso de “Me bajo aquí!”, más feliz que una perdiz porque voy a poder escapar de la conversación. No, no, no…a mi me toca aguantar la parrafada, el chaparrón, o como queráis llamarlo…y luego, de camino al sexto, volverme loca intentando encontrar algún sentido a lo que me han dicho o algún porqué que explique la razón que les ha llevado a contármelo, precisamente a mi.

Y para ejemplo un botón… Este es el caso que se me ha dado esta misma semana (Si! Solo uno! No todos los días tengo la mala suerte de coincidir con alguien en el ascensor! Y, a veces, algunos vecinos suben o bajan calladitos…). Eso si, antes he de avisaros que es uno los casos más “exagerados”, por decirlo de alguna manera…sino el que más. Si todos los comentarios ascensoriles fueran como este... hace tiempo que hubiera empezado a plantearme el mudarme, porque me habría asaltado la terrible duda de si en verdad vivo en un edificio de viviendas o más bien en un manicomio disfrazado…ejem…


“Estaba el Señor Don Gato…”

(Vecino: Azul; Yo: Rosita)


- Hola.

- Buenos días.

(…)

- Oye…tu eres la del sexto, no?

- Si…

- Y tienes un gato, ¿verdad? Le he visto algunas veces en tu terraza…

- Si...bueno, tengo dos. Un gato y una gata.

- Ah…

(…)

- ¿Sabes? Siempre lo pensado, pero nunca se lo dicho a nadie…¡Los gatos tienen que estar buenos! Se les ve tan tiernecitos…¿eh? ¿a que si?


O_O

¿Nunca se lo has dicho a nadie??? ¿Y por que diablos tienes que decírmelo precisamente a mí???

Juro, perjuro y vuelvo a jurar que si veo a este individuo merodeando por mi planta, pido una orden de alejamiento!

UN EXTRAÑO EN MI COCHE (O DOS, O TRES...)

lunes, 6 de octubre de 2008

Siete y media de la mañana de un sábado cualquiera (este pasado…por ponerlo fácil…). La que suscribe lleva ya más de 24 horitas en pie. El Sr. Morfeo lleva acechando un par de horas cada vez con más fuerza. Definitivamente, tras haber terminado con todas y cada una de las reservas de fuerza que encontré escondidas a lo largo y ancho de mi cuerpecito, había llegado un momento en que ya no podía (ni quería, seamos sinceros…) mantener los párpados levantados.

Nos acababan de echar de la última discoteca en la que habíamos estado, (Explicación: Echar= Encender las luces) por cansinos…que yo tenía sueño, pero la cara del portero cuando vino a pedirnos que nos fuéramos por enésima vez, pedía a gritos que alguien le indujera un coma hasta el año que viene, por lo menos…

Por suerte para mí, la discusión entre mis amigos acerca de a qué after ir, no llegó a buen puerto. Así que, cada uno para su casa y el Sr. Morfeo conmigo.

También por suerte para mi, mi nene y yo habíamos ido hasta allí en coche (de lo contrario nos esperaría un hora de pateo o, en su defecto, otra hora esperando que algún taxi se quedara libre y tuviera la condescendencia de rescatarnos del paseo).

De camino al coche, él venga hablar y yo venga pegar cabezazos. Éramos una adivinanza andante: “¿quién se ha levantado a las siete y quien a las 12??? ¡Que alegría, que alboroto, para quien acierte un perrito pilotoooo!”

Por fin llegamos al coche. Me siento en el lado del copiloto. Mi nene al volante. El Sr. Morfeo atrás. Cinturón. Ventanilla abajo. Codo apoyado en la ventilla. Cabeza apoyada en la mano. Posición perfectamente cómoda. Bien. Cierro los ojos y me dispongo a sumergirme directamente en la fase rem…sin preámbulos ni historias, que no estamos para tonterías ¿verdad, Sr. Morfeo??

Escucho el motor del coche. No me perturba.
Maniobra marcha atrás. No me perturba.
Sonidito del intermitente. No me perturba.
Una mano me agarra el brazo desde la calle. No me perturrr….. ¡Que coñeeee! ¡Claro que me perturba! ¡Menudo susto! Que no me quedé en el sitio porque estaba tan cansada que ni mi corazoncito tenía fuerzas para infartarse, que sinoooo…

Abro los ojos ipso facto y me encuentro a un tipo mirándome fijamente desde el otro lado de la ventanilla (Nota: Recordemos que la ventanilla estaba bajadaaaaaa!) con una sonrisa de oreja a oreja.

- ¿Te conozco??? …Mmm…No, no te conozco… No te conozco….¡Nene no le conozcoooooooo!!

(Algo así farfullé, pero no recuerdo exactamente el orden de las palabras…)

- No, no, no me conoces...lo siento ¿te he asustado???


“:S Nooooo, que bah, hombre! He saltado del sillón y me he pegado al techo cual chicle porque es una práctica muy sana que suelo practicar a diario, no te jod…..”

- Es queeee, veréis, voy con dos amigos - sigo con la vista su dedo, que señala a otro chaval y a una chiquilla que esperan expectantes unos tres metros detrás de él – Y no somos de aquí…hemos preguntado cómo volver al hostal y nos dicen que nos queda más de una hora andando…Y, no sé, si os pillara de paso, pueeeesss….

Cortó en seco y me volvió a mirar fijamente. Yo, sólo acerté a murmurar un tímido: “No sé….” Y me giré enseguida hacia mi nene interrogándole con la mirada. Él le preguntó a dónde iban exactamente, y al volverme para escuchar su respuesta el tipo aquel ya no estaba en la ventanilla…estaba abriendo la puerta de atrás! Y los otros dos, venían corriendo hacia el coche. Momento rezo interno: “Por favor, Señor, que sean buena gente, que sean buena gente, que sean buena gente…”.

(Consejo: cuando os subáis al coche…¡Echad los seguros de TODAS las puertas!)

Se acoplaron en el asiento de atrás mientras mi nene y yo les mirábamos atónitos. Y una vez estuvieron bien cómodos, el tipo de la ventanilla contestó a la pregunta:

- Dejadnos dónde vayáis vosotros, que seguro está más cerca que esto…

Algo confuso, mi nene quitó el freno de mano y salimos de allí con los tres personajillos ocupa coches en el asiento trasero.

Por supuesto, el Sr. Morfeo tuvo que apearse para ceder su sitio, puesto que los cuatro no cabían…y, en consecuencia, todo mi cansancio se esfumó y abrí los ojos cual lechuza.

Durante el trayecto, comprobé que mis rezos internos habían surtido efecto, y en verdad eran buena gente. Eran de Barcelona y les costó un poquillo explicarnos dónde narices estaban alojados, pero finalmente, más o menos, les dejamos al lado.

Lo cierto es que resultaron ser bastante simpáticos los tres, e incluso nos regalaron un paquete de tabaco cuando nos escucharon comentar entre nosotros que se nos había acabado. Simplemente resultaron ser unos chavalillos perdidos que le echaron morro a la situación.

Al día siguiente, pensándolo fríamente, me di cuenta de la poca capacidad de reacción que tengo (ejem…tenemos…los dos!) ante el factor sorpresa. Malo, malo…

UNA DE LAS MEJORES EXPERIENCIAS DE MI VIDA

miércoles, 1 de octubre de 2008

Primera fase: Incredulidad. Mi primera reacción fue negarme en rotundo a creérmelo.

“No puede ser, no puede ser y no puede ser…¡He dicho que no puede ser!”


Segunda fase: Enfurruñamiento. Mi segunda reacción fue enfadarme muchísimo.

“¿Por qué no me hicisteis caso??? ¿Por qué??”


Tercera fase: Felicidad. Mi tercera reacción ha sido emocionarme. Sonreír y sentirme feliz…muy feliz.

“¡Esta es una de las mejores experiencias de mi vida!” (Lagrimilla que asoma...)


Y ahora, vamos con la historia, para que podáis entender estos cambios tan bruscos en tan poco tiempo (cuestión de un par de semanas), y dejéis de pensar que he sufrido un episodio paranoide de personalidad múltiple o algo así.

Hace unas tres semanas, mi nene y yo, en amor y compañía, nos fuimos cinco días para mi tierra…Cuando vamos, no solemos llevarnos a los animales para ahorrarlos a los pobrecicos el sufrimiento de pasarse encerrados en el coche tantas horas y después el cambio exagerado de ambiente y temperatura. Los gatos, pueden quedarse solos, mientras tengan suficiente agua y comida, ellos tan felices como perdices! (aunque lo cierto es que les dejo niñera…pero eso ya es otro tema), pero mi cachorrilla no puede quedarse sola. Ya sabéis, lo típico: Necesita sus paseos, sus mimitos y no sentirse abandonada, porque de lo contrario daría tales serenatas a los vecinos que seguro que al volver nos veríamos nominados para abandonar la casa...

Teniendo esto en cuenta, la cachorrilla se va de vacaciones también a casa de otros álguienes que nos la cuidan (Ja!)…

Buenoooooo, vamos con lo bueno.

Al volver de mi tierra, la primera parada antes de llegar a casa fue para recoger a la cachorrilla…y cual fue nuestra sorpresa cuando al salir tan efusiva y feliz como siempre a recibirnos, nos encontramos con que nos la habían convertido en una pequeña bolita…Si, si…estaba gordísima….con el tipazo que ha tenido ella siempre! Ainsss…

¿Qué hicimos? Regañar a esos álguienes por sobrealimentarla y ponerla a régimen estricto a la pobrecica mía…

Una semana después, no solo no adelgazaba sino que su barriga iba en aumento, y empecé a temerme lo peor…pero no podía ser. En junio, cuando tuvo su primer celo, la llevábamos siempre con correa y estábamos siempre encima de ella…y ninguno de los dos vimos a ningún macho acercarse…no podía ser. Así que, algo asustados ya en vista del volumen que aquella barriguita estaba alcanzando, llevamos a la cachorrilla a visitar a su gran amiga (la odia hasta el infinito y más allá, juas!) la señora veterinaria.

La buena mujer, tomó a la cachorrilla en brazos (contra su voluntad, of course!) y se la llevó para hacerle una placa. Mi nene y yo, nos quedamos en la consulta sentados, nerviosos y ansiosos…y todo lo que acabe en –osos que signifique “desquicie máximo!!”.

Al rato, entró de nuevo peleándose con la cachorrilla que hacía todo lo posible por zafarse de sus brazos…Venía muy sonriente. Demasiado sonriente. Entonces, dejó en el suelo a mi pequeñaja, y soltó la bomba:

- Enhorabuena chicos! Vais a ser cuatro más en casa!

:O

(Entro en la primera fase)

Nada más salir de allí, nos miramos y dijimos casi al unísono:

- ¡Los “álguienes”!

(Salgo de la primera fase para entrar de golpe y porrazo, así, sin anestesia ni nada, en la segunda)

Y es que, en ese momento de frustración, nos acordamos de que los últimos días del primer celo de la cachorrilla, tuvimos que hacer un viaje relámpago de 48 horas a mi tierra…y la cachorrilla se quedó con los “álguienes”. Por supuesto, les habíamos avisado de que no la dejaran a solas con ningún macho…

Acto seguido mi nene les llamó por teléfono y les preguntó. Les obligó a hacer memoria y….¡Bingo! Resulta que pensaron que su perro no iba a poder montar a mi cachorrilla porque el es muy grande y ella muy pequeña…y pensaron también que en consecuencia no iba a pasar nada por dejarlos solos en el jardín….¡Aaaaaaarrrgh! Si es que siempre lo digo yo, ¡que pensar demasiado es malo! ¡Muy malooooo!

Esa misma noche me descubrí a mi misma mirando con cara de tonta la placa en la que se veían perfectamente a los cuatro cachorrillos…Y no pude evitar coger a mi Kira en brazos, poner mi oído en su tripita y quedarme un ratazo enorme escuchando los latidos de esos corazoncitos…

(La fase dos empezaba a desvanecerse…)

La semana pasada, el jueves, un ratillo después de publicar el post anterior, mi nene me llamó para decirme que creía que la cachorrilla se iba a poner de parto porque la notaba muy rara… Fue la vez que menos he tardado en llegar a mi casa desde la ofi (no me escapé…ya casi era la hora!....ejem…buenooo, venga, va…lo confieso! huí furtivamente 10 minutillos antes de la hora….).

(La fase tres llegó como un terremoto).

Me pasé con ella las cuatro horazas anteriores al parto dándole mimitos…y las tres horas desde que la primera cachorrilla asomó la cabecita, hasta que llegó la última (son cuatro cachorrillas…cuatro bebecitas preciosas!).

Y cuando todo terminó, extasiada, se acurrucó a mi lado y se quedó dormidita mientras las cachorrillas mamaban y yo le acariciaba suavemente la cabeza, consciente de estar viviendo una de las mejores experiencias de mi vida…
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