¡FELIZ NAVIDAD!

sábado, 24 de diciembre de 2011

Comed y bebed, bailad y reid, besad y abrazad...sentid y dejaros sentir! Y que no me entere yo de que no hacéis caso, eh! Hombre ya... ^^

¡Felices fiestas, queridos compañeros blogeros!



P.D.- Ah! Y si los señores de oriente dejan algo en vuestras casas a mi nombre, avisadme...que voy pa allá a recogerlo en el menor tiempo posible :P

UNA DE ASCENSORES...

lunes, 12 de diciembre de 2011

Es algo ya comúnmente aceptado eso de la incomodidad que produce subirse a un ascensor con un desconocido (o desconocida) y no saber si hablar o no hablar, si mirar al techo o al suelo, si cantar una canción o marcarte un baile…ehhh…vale, esto último no se lo pregunta nadie, pero ¿a que molaría hacerlo?


Bueno, a lo que iba, que me voy por las ramas…que decía yo que ya sólo el hecho de compartir ascensor con un desconocido (o desconocida) es incómodo y si encima se añade algún otro factor que aumente aún más si cabe esa incomodidad, seis pisos se tornan doce...o dieciocho…o veinticuatro…o…o…o…o podemos seguir así con toda la tabla del seis hasta que os canséis. El caso es que el viaje se hace eterno, como me pasó a mi ayer mismo:


Salgo de casa y me encuentro con cinco personas esperando en las puertas de los ascensores (hay dos…ojalá hubieran sido 6…uno pa cada uno. Ale…problema solucionao!). Eran una familia que imagino habrían estado de visita en casa de algún vecino, porque a la menda no le sonaban en absoluto. Os los presento, así por encima: Padre, madre (de unos 40 años ambos, calculé), una hija mayor (¿unos 10 ó 12?), otra hija mediana (¿7 u 8?) y un pequeñajo al que, así a ojo de pájaro (o de pájara) eché unos 4 ó 5 añicos.


Saludé y todos menos el pequeñajo me contestaron. Él, por su parte, me miró raro y se escondió detrás de las piernas de su madre. “Bueh” pensé “no pasa na…no se le puede caer bien a to el mundo…qué se le va a hacer”.


Llegó el primer ascensor y el padre de la family se adelantó y abrió la puerta.


-Bajo yo con ella – dijo haciendo un gesto con la cabeza hacia mi persona (pero mirando a su mujer…que a mi ni me pidió opinión, ni na)- y ya bajáis vosotros en el otro ¿vale?


Su devota esposa asintió sonriente y él se giró hacia mi y me hizo un gesto con la mano invitándome a entrar en el ascensor. Y yo, que ya sabéis que soy muy obediente, pues entré (Amos a ver, cualquiera hubiera entrado, no? No hay nada malo en entrar en un ascensor…vamos, digo yo!).


Se cierra la puerta de fuera y el hombre aprieta el cero, mientras yo ya estoy en mi debate interno sobre si mirar al techo o al suelo. Y la puerta de dentro (esa que se corre de un lado a otro y sella el ascensor y ya no tienes salida posible) empieza a cerrarse también. Y en ese momento, escucho al pequeñajo gritar:


-¡Papá no! No te vayas con ella… - voz tristona, a lo “estoy a puntico, a puntico de echarme a llorar”- ¡Papaaaaa! ¡Papaaaaaaa! No te vayas con otraaaaaa…


Unos segundos de silencio y…


-Mama ¿por qué papá se va con otra chica y nos abandona??? Papaaaaaaaa, papaaaaaaa!!

O_o


Al final, ni al suelo, ni al techo…me quedé con la mirada clavada en la puerta flipando en colorines psicodélicos durante toda la bajada, sin atreverme a mirar al hombre ni de reojo y sintiéndome fatal por el pobre crio sin haber hecho yo nada de lo que arrepentirme, pero…jooooooo, me dio una penica…y me sentí taaaan incómoda….que ya jamás me va a costar eso de entablar conversación con desconocidos en el ascensor. Hablar del tiempo ya no me parece tan malo…

UNA DISCUSIÓN Y UNA CERVEZA

lunes, 5 de diciembre de 2011

Hace un par de tardes, a eso de las ocho más o menos, volvíamos mi chico y yo a casa en coche y decidimos parar en un establecimiento de propietarios asiáticos (vamos, en un chino…) para comprar un piscolabis que llenara nuestras tripitas mientras veíamos una peli tirados en el sofá. Él conducía, luego por una lógica regla social no escrita, bajé yo del coche para llevar a cabo la misión. Misión que en un principio se me antojaba fácil, pero no lo fue tanto.


Justo detrás de mi entraron dos chavales de unos 18 ó 20 años con un litro de cerveza abierto medio oculto por una bolsa de plástico. Yo me fui directamente hacia las estanterías del fondo, no sin percatarme de que ellos se quedaron frente al mostrador con caras de pocos amigos y plantaron el litro de cerveza encima.


Mientras me decidía entre los múltiples snacks allí expuestos, noté como la conversación que mantenían los dos chavales con el matrimonio que atendía el mostrador iba subiendo de tono por segundos. Y muy pocos segundos necesitaron para liarse a insultarse mutuamente a voz en grito.


Resumo la discusión: Los chicos habían comprado allí el litro de cerveza unos minutos antes y al abrirlo (deduzco que no muy lejos del establecimiento) se habían encontrado con la desagradable sorpresa de que estaba congelado. Motivo más que suficiente (según sus argumentaciones, claro) para que los propietarios del local les devolvieran su dinero o, en su defecto, les dieran otro litro de cerveza (imagino que esta vez, lo que querrían sin congelar, claro…).


Por su parte, los propietarios no creían que tuvieran que hacer ninguna de las dos cosas y les insistían en que abandonaran su local porque, y cito textualmente: “celveza se calienta luego y tu puedes bebel”.


El caso es que ni unos ni otros cedían y yo ya no podía fingir por más tiempo que seguía dudando con mi compra…así que, cogí las dos primeras bolsas que pillé y me acerqué a la acción (no, no es que quisiera enterarme mejor…es que quería largarme ya…en serio!) colocándome justo detrás de los dos chavales. Aun así, siguieron discutiendo un rato sin percatarse ninguno de mi presencia, hasta que de repente, la dependienta del local cruzó la mirada conmigo y se empezó a poner nerviosa. Ya ves tú que tontería, con la cara tan angelical que gasto…Pero bueno, imagino que pensó que me podría impacientar y largarme sin hacer mi compra, así que sin más miramiento y con cara chunga cogió un euro y medio de la caja y tiró las monedas sobre el mostrador de la mala gana. Uno de los chavales las cogió e hizo ademán de acercarse al frigorífico de las cervezas…craso error. La china montó en cólera y empezó a gritar: “Ya no vendo, ya no vendo” y el chiquillo se dio la vuelta con los ojos inyectados en sangre (no, mentira…tanto no…pero mosqueado estaba un rato) y volvió a empezar la discusión.


A todo esto, yo seguía ahí parada con mis dos bolsas sin perder detalle (no por gusto…por obligación, eh!) cuando el otro chaval se me acerca y me susurra al oído: “cómpranos una cerveza, anda…”


:S


Jo…ser espectadora sin más no me importa, pero tener que me meterme en el ajo ya no me hace tanta gracia.


No le respondí, solo bajé la mirada al suelo. Y volvió a insistir: “Por favor…”.


Fu! Vale, reconozco que desde mi punto de vista los chicos tenían razón…Pero es que yo compro mucho en ese establecimiento y siempre son encantadores conmigo. No me apetecía tener que tomar partido…Pero lo tomé. No me preguntéis por qué…tampoco lo pensé. Me acerqué al frigorífico y cogí una cerveza. El chaval me sonrió, cogió a su amigo del brazo y le dijo: “Vámonos, que ya lo he arreglado yo”. El otro no parecía estar muy de acuerdo con lo de irse (porque estaba tan enfrascado en la discusión que no se había enterado de nada), pero al final cedió y salieron. Yo me acerqué al mostrador y la china salió detrás de ellos. Me quedé con cara de pez (vamos, con los ojos super abiertos…) y el chino empezó a meter mis cosas en una bolsa mientras yo miraba hacia fuera y flipaba viendo como la china tiraba al suelo las bicis de los chavales.


He reconocer que me pensé muy seriamente el darles la cerveza delante de la china, por si la tomaba conmigo…Pero el chaval que me la había pedido fue muy discreto y al verme salir me hizo un gesto con la cabeza para que continuara mi camino. Al llegar al coche el chico me alcanzó e hicimos el intercambio de cerveza por euro y medio mientras su colega intentaba salvar las bicis de la china, que no se había enterado de nada...


Y la cara de flipe que se le quedó a mi chico, después de haberme hecho tanto de esperar y verme hacer chanchullos a medio escondidas con un desconocido en la puerta de coche…AN-TO-LÓ-GI-CA. Juas!

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