PERDIDA EN MI HABITACIÓN

viernes, 27 de noviembre de 2009

El otro día, por un temilla de trabajo, tuve que ir a un edificio de la administración. Uno de esos que en su día fue palacio y que ahora presume de ser edificio histórico.

El guarda de seguridad, muy amable él, me indicó el camino que tenía que seguir para llegar a mi destino (eso si, sólo después de rastrear mi bolso en profundidad con cara de sabueso y de hacerme pasar por el detector de metales…que amable, que amable que era, oyes!).

Anduve por una especie de claustro, crucé pasillos, subí escaleras, atravesé un despacho con los ordenadores encendidos pero sin nadie que los estuviera usando (ande andarían?? Con lo raro que es que un funcionario no se encuentre en su puesto de trabajo, por Dior!) y todo ello siguiendo las indicaciones de la persona más amable entre los amables, el guarda de seguridad (no sé si se nota que estoy siendo un pelín sarcástica con lo de este hombre, ejem…).

Y si, llegué a donde tenía que llegar, hablé con quién tenía que hablar, pero no salí por la puerta por la que tenía que salir…Es decir, la misma por la que había entrado, lo que me hubiera permitido desandar el camino que ya había hecho para llegar a la salida. Pero la persona con que tuve que hablar, me abrió otra puerta, y yo que iba tan feliz por haber terminado con aquel marrón tan prontito y sin que me pusieran complicaciones, pues salí por ella sin fijarme. Me despedí de él y eché a andar.

Y crucé pasillos, bajé escaleras, atravesé despachos……….

Y volví a cruzar pasillos, a subir escaleras, a atravesar despachos….

Ví a una mujer al fondo del pasillo.

- Perdoné…

Me miró y aceleró el paso. Se metió por una puerta y nunca más se supo ¿Le daría miedo yo como persona o sólo el hecho de yo podría pedirla algo y tuviera que ponerse a trabajar??

Bajé en un ascensor que me encontré y supuse que dando al cero me dejaría en la primera planta cerquita de la salida…pero me dejó en un sitio lúgubre y oscuro y volví a subir ipso facto!

Cruza pasillos, baja escaleras, atraviesa despachos y…NADIE! Ni una sola persona a la que preguntar cómo carajo salir!

Me dí cuenta de que sólo me quedaba una opción: Quedarme a vivir allí.

En metros, no estaba nada mal. Ordenadores para parar un tren. Un servicio en cada planta…sólo me faltaba comprobar que tuviera la preinstalación de fibra óptica. Entonces sería perfecto!

Y buscando lo de la fibra óptica, de pronto veo a otra mujer con una carpeta abrazada contra el pecho “¿Se asustará esta también?”. No quise decir nada, por precaución, hasta que estuviese a mi altura. Pero ella se me adelantó.


- Oye ¿sabes dónde está el despacho de “apoyo administrativo”?


“¡Coñe! Eso me suena…¡Claro, he pasado por ahí como cuatrocientas veces en media hora!”


- Pues creo que subiendo las escaleras del final del pasillo a la izquierda. Pero me parece que no hay nadie…

- Vale, muchas gracias, es sólo para dejar esto…


“¿Y a mi ésta por qué me da explicaciones? Ummm…Bueh! Da igual Martitha, tú a lo importante…”


- ¿Y tú sabes dónde está la salida?

- Anda, yo creía que trabajabas aquí…Pero si, es esa puerta que tienes enfrente. Yo acabo de entrar.

“Upssss…no podía estar más cerca, no”.

- Eeeeeeehmmmm, gracias…

:S

Al final no me quedé allí a vivir. Mejor, porque en el rato que estuve buscando no encontré ni rastro de la fibra óptica…

TACONES...CERCANOS, PORFAVOR!

martes, 24 de noviembre de 2009

Tengo unos 3 ó 4 pares de botas de tacón en mi zapatero. De todos ellos, hasta la semana pasada, sólo un par era ponible. Esto es, el último par que me había comprado.

El resto de mis queridas botitas de tacón, estaban pendientes de una visita al zapatero para “echarles” tapas y, perezosa que es una para ciertas cosas, había ido retrasando el momento de llevarlas diciéndome a mi misma que: “Bueeeeeno, ya las llevaré todas de una vez cuando no tenga nada que ponerme…total, para estar echando viajes cada dos por tres, me los ahorro y las llevo todas de golpe”.

Vale…muy buena deducción la mía. Si no fuera porque no tuve en cuenta un pequeño detalle, que es, básicamente, la parte de la frase que dice eso de “cuando no tenga nada que ponerme”.

Si…pardilla de mi, esperé a que llegara ese momento sin vérmelas venir.

El domingo pasado (éste último no, el anterior…) por la noche, comenté a mi chico que al día siguiente tenía que llevar las botas al zapatero. Y él, que es un cielo, se ofreció a llevármelas porque le pillaba de paso.

Correcto. Todos contentos…bueno, yo contenta…

Pero llegó el lunes. Me levanto, me ducho, me visto, me calzó…ah, no!…no me calzo…que “no tengo nada que ponerme”. Diooooor!!

Tras el momento “ataque de ansiedad más enorme de mi life”, corrí la cortina del zapatero y me puse a revisar estantería por estantería:


- Sandalias: Mmmmmmmmm…¿vale la pena exponer a mis pies al frío de la mañana bajo riesgo de congelación por ir mona al trabajo? No…creo que no.

- Tacones finos y vertiginosamente altos: Jur…¿vale la pena desnucarme o, en su defecto, hacerme un super esguince con los mega paseos que me tengo que dar para ir y venir del curro? Pff…tampoco…creo que tampoco.

- Zapatillas de andar por casa: Bueh…sin comentarios!

- Botas de montaña: ¿Vale la pena exponer a mis pies al efecto contrario que con las sandalias? Jo…no me gusta tener los pies sudados…es una sensación cuanto menos desagradable…así que no, tampoco!

- Tenis: En fin…es mi última opción, así que…¡Qué se le va a hacer!


Ya por la noche, noté un cosquilleo extraño en los gemelos.

Al día siguiente, me levanté coja. Pero coja, coja...Coja de coj*nes.


¿Diagnóstico? Si acostumbras a tus gemelos a ir en una determinada posición, obligarlos a cambiarla por completo durante un día entero, supone un sobre esfuerzo que deriva en dolor muscular (en muuuucho dolor muscular!).

¿Consecuencias?

1.- Cojera hasta más o menos finales de semana.

2.- Repito…muuuuucho dolor muscular.

3.- No ser capaz de decir la verdad cuándo me preguntaban qué me había pasado, por vergüenza…y contestar siempre que “de repente” el martes, me había levantado así…Por increíble que parezca, todos se lo creyeron…o eso me dijeron.

LAVADO DE CARA Y VUELTA A LOS RUEDOS

viernes, 20 de noviembre de 2009

Tras una semana entera con cortes de Internet y fallos varios en el servidor, esta mañana un compi se acerca entre nervioso y féliz.
(Yo / Él)


- Ey, ey…¿Lo sabes ya?

- Mmmmmm…a ver, déjame que piense ¿te casas? ¿vas a ser papi?

- No…y no sé por qué coñ@ se te han venido esas estupideces a la cabeza


(Jo! Con lo feliz que se le veía ¿en qué voy a pensar? :P)


- ¿Entonces…??

- Mira, mira…intenta entrar en Blogger.

- ¡Que no va! Llevamos meses con el acceso prohibido jomío ¿todavía no lo has asumido?

- Joer…mira que está tontita hoy, eh! Tú intenta entrar.



(Bueno, vale, de acueeeeerdo)


- Toma, toma y tomaaaaaa ¡funciona!

- Lo he descubierto siguiendo un link que de repente me ha llevado a un blog y se ha abierto…ja!



(Y ha puesto una pose a lo CR9 todopoderoso, juas!)


- Oye…¿tú crees que durará o será sólo un espejismo?

- No sé…pero quiero creer que alguien de las altas esferas se ha cansado de no poder actualizar su blog…


Si, mi compi también es blogger y estábamos los dos atados de pies y manos con el temita del acceso prohibido…porque, vaaaaaale…tenemos Internet en casa, pero…Jo! Después de estar nueve horas delante de un ordenador no apetece mucho llegar a casa y volver al tema…

Mi compi, no sé qué habrá hecho durante este tiempo…Yo, algunos fines de semana me he estado pasando por vuestros blogs…así que perdida no estoy…¡que os sigo teniendo controlados!

Sueños de ayer. Design by Pocket